Mi excelente profesora y amiga Tianzhen me enseñó a poco de comenzar nuestras clases una expresión muy coloquial, "sî la", "estar muerto de, muy", más o menos sería la traducción. Se puede estar muerto de cansancio "lei si la" o hartísimo "fan sî la", por ejemplo, Pero un día que estaba griposo me inventé una expresión, "wo bing sî la" (estoy muy enfermo), a Tianzhen se le cambió la cara. "No, no", dijo muy nerviosa, "eso no se puede decir. Entonces es que estás muerto de verdad". Y es que la muerte como destino acarreado por la mala fortuna es un tabú en China, hasta el punto que por ejemplo el número cuatro, "se", que se pronuncia de forma parecida a morir, está vetado en los ascensores de los edificios y por supuesto nadie lo quiere en su móvil, su matrícula de coche o lo que sea. .
Resulta llamativo que una sociedad que ha pasado por procesos tan cauterizantes como la Revolución Cultural y que en la actualidad avanza a pasos agigantados hacia una sociedad moderna y avanzada (en algunos aspectos, al menos) tenga tan arraigadas determinadas creencias y supersticiones. Yo, que a fin de cuentas soy andaluz -y heredé de mi añorado tío Juan Gayán la manía al pito del afilaor en ayunas, aunque él tenía muchas otras para dar y repartir - tengo cierta comprensión a estas supersiticiones. Pero es que en China la necesidad de buscar buenos auspicios y ahuyentar los malos condiciona de tal manera las normas de conducta hasta límites insospechados.
Incluso para hacer negocios es importante conocer la psiquis china y sus supersticiones. Por ejemplo, el vino tinto tiene en China un mercado mucho mejor que el vino blanco. Pero no porque les guste más al paladar, sino porque el rojo es el color de la buena suerte.
Y en China, buscar la buena suerte suele equivaler a tener prosperidad económica. En la Fiesta de la Primavera o Año Nuevo Chino, los celebrantes suelen ofrendar a los dioses billetes con dinero falso a la espera de que éstos se los devolverán pero de verdad y con creces.Asimismo, me contaba una amiga china, los ricos acuden con más asiduidad a realizar ofrendas a los dioses no tanto para obtener más dinero sino para evitar la mala suerte de perderlo. A veces, tener más implica también tener más miedo.
La cantidad de normas que no se pueden romper so pena de desafiar el peor de los castigos es tan amplia que hay que tener mucho cuidado con no meter la pata. Por ejemplo, es totalmente "out" pinchar los dos palillos en el cuenco del arroz, porque también equivale a muerte. Si fuera un banderillero, podría entenderlo más.
Hay que tener cuidado también con lo que quieres para otros, incluso si es bueno. Tianzhen, por ejemplo, me enseñó que los deseos chinos para un viaje son muy prácticos. "Viaja seguro", por ejemplo, aunque también es muy popular el de con el viento a favor, aunque no para cuando se haga en avión, no vaya a ser que el dios Eolo se pase de soplar y la cosa no termine bien.
También los chinos tienen sus gafes, que de eso por nuestra tierra sabemos mucho (y algunos lo han experimentado con crueldad). Ayer, sin ir más lejos, me enteré de que en China hay una cierta tradición en la que desaconsejan a los hombres casarse con mujeres de pómulos altos, porque éstas tienen al parecer una irrefrenable tendencia a enviudar. Mala suerte, con lo que a mí me gustan.