Si el otro día hablamos del pragmatismo (a menudo prosaico) de los chinos, hoy toca hablar de la poesía y la elegancia, que también las hay a raudales en este país. No sólo en su lengua, ya que cada palabra tiene detrás una historia, o la literatura, la pintura o el teatro, sino a la hora de convertir espacios privados o públicos en verdaderas obras de arte que incluso trascienden más allá. Los jardines de Suzhou, uno de los atractivos turísticos más importantes de china, son un gran ejemplo.
Según parece, los primeros jardines de esta próspera ciudad que nació hace 2.500 años y se enriqueció como centro comercial en la ruta de la seda datan de su misma fundación, aunque fue durante la dinastía Yuan y Ming (1279-1644) cuando alcanzaron su mayor apogeo. En la actualidad son nueve jardines de Suzhou los incluidos dentro del patrimonio mundial de la Unesco, diseñados desde el S. XI al XIX. Ayer visité uno de los más famosos, que sólo por el nombre ya merece ser conocido: El jardín del administrador humilde.
Muy humilde no debía ser Wang Xiancheng, un hombre de confianza del emperador que tras retirarse a su ciudad natal, Suzhou, a principios del S. XVI, adquirió una mansión que data del Siglo II D.C. Poeta él mismo, se inspiró en los versos de Pan yue ("Gozo de una vida libre de preocupaciones plantando árboles y construyendo mi propia casa... Riego mi jardín y cultivo mis propias verduras para comer...". Una vida humilde para un ilustre retirado, aunque éste no es el típico huertecito de los jubilados, sino un enorme terreno de 52.000 metros cuadrados y 48 edificios, además de una importante colección de bonsais y piedras "especiales". Quizás el mejor ejemplo de jardín clásico de todo el sur de China, aunque compite en belleza (también de nombre) con otros como el Jardín para Vagar, también en Suzhou.
Lo que no era el bueno de Wang es ostentoso ni de mal gusto. Su jardín, diseñado con la ayuda del conocido artista y amigo suyo, Tao Yuanming, es un compendio de las virtudes que caracterizan los jardines clásicos chinos: combinación de elementos de la naturaleza (fundamentalmente, árboles, agua y piedras) con otros arquitectónicos o decorativos, es un remanso de paz y serenidad (o lo era antes de que llegaran los grupos de ruidosos estudiantes o las multitudes de turistas) que invita a sentarse en cualquier rincón y reflexionar o disfrutar del los paisajes en miniatura inspirados en el río Yangtse.
También en la poesía de los clásicos, ya que cada pabellón, de nombres evocadores (el de la fragancia distante, el de "¿Con quién me sentaré?", el Pabellón para Escuchar el Sonido de la Lluvia, el de las Brisas de Loto, el de Mirar a la lejanía...) tienen como motivo un poema, como los de Zhou Dunyi ("Mientras a más distancia se aleja su fragancia, más pura se torna") ó Li Zhong ("Escucha. La lluvia cae sobre el Bambú de Otoño. El monje continúa jugando al ajedrez"), Uno se puede imaginar al viejo político retirado, sentado en cualquier rincón de su parque recitando a los clásicos o componiendo sus propios poemas. Humilde no parecía demasiado, ahora, elegante (como dice la canción de Sun Shunquin en uno de sus pabellones, "El sol brilla elegantemente a través del verde bambú"), tela.
P.D. el jardín del Administrador humilde es bastante céntrico. La entrada no es barata (unos seis euros en temporada baja) pero merece la pena. Y en cada estación tiene su encanto particular.