Reconozco que desde niño he sentido una mezcla de fascinación y miedo por los tiburones. Esa máquina de matar tan perfecta que ha sobrevivido 420 millones de años, aunque está por ver si podrán superar el apetito de los chinos por sus aletas. Una combinación de belleza y aerodinamismo bajo el agua con mandibulas terribles, voracidad y sed de sangre...
Bueno, no tanto. De hecho, estos asesinos del mar son menos fieros de lo que los pintan y de las más de cuatrocientas especies sólo se sabe de una quincena que hayan atacado a personas sin provocación (en la mayoría de los casos, por equivocación, pero eso consuela poco cuando te han arrancado una pierna) y cuatro o cinco (el blanco, el tigre, el toro, el oceánico de aleta blanca...) son verdaderamente muy peligrosos para el hombre, aunque en altamar, donde pueden llevar mucho tiempo sin comer, las cosas cambian.
Pero dan miedo, qué caray, y la única forma de vencerlo es lanzarse a la aventura, que fue lo que yo hice. Después de haber buceado ya bastantes veces con muchos tipos de tiburones, uno descubre a unas criaturas mucho más pacíficas de lo que podía pensar (claro que eso me dijo mi amigo y fantástico buceador Gonzalo Martín y casi se lo papea después un aleta blanca oceánico en el Mar Rojo). Vamos, que no son tan malos como los pintan, pero tampoco hay que fiarse mucho como hacen en las Galápagos, uno de los mejores lugares del mundo para bucear con estos magníficos bichos.
Las islas Galápagos, aunque no sean un destino fácil de alcanzar, tampoco están en Marte (vuelo a Guayaquil y desde allí un vuelo de una hora bastante larga a la isla de Baltra, de donde se toma cruza el canal para la "poblada" isla de Santa Cruz) ni tampoco tan carísimo, pese al pago de tasas para entrar en el parque nacional. Es un lugar altamente recomendable para los amantes de la naturaleza. Pero sobre todo, si a uno le gusta bucear, ya sea con botella o con el tubito a pulmón, y la experiencia de nadar entre decenas de lobos marinos o bancos de peces martillos es inigualable.
En las Galápagos ha habido ataques de tiburones a surfistas y otros humanos en el agua, aunque creo que muy pocos (al menos que se hayan hecho públicos). Bastantes más incidentes ocurren con los lobos marinos, en especial los celosos machos que guardan su harén, o en mi caso particular, uno juguetón que quiso probar (y probó) mis posaderas.
Peor le pudo haber ido a un yanki que se tomó muy en serio lo de los tiburones vegetarianos, las tintoreras (nada que ver con las tintoreras de otros lugares de Hispanoamerica, que es como llaman al tiburón tigre). Las de las Galápagos son, si no me equivoco, tiburones de arrecife de aleta blanca. Se les puede ver por decenas cerca de la costa, acostados sobre pozas de roca todos juntitos en contra de la corriente para que el agua entre en sus branquias sin tener que nadar. Y son tan mansitos, tan tímidos, que la broma corriente es las galapagos es que son vegetarianos.
Pero en las Galápagos, y pese al control y obstáculos que pone el gobierno para evitar la sobrepoblación, hay una gran inmigración procedente del continente en busca de trabajo y buenos sueldos, y algunos de los guías que van en excursiones a la lobera (donde se reúnen los lobitos) y la poza de las tintoreras en Santa Cruz, muy cerca de la "ciudad" Puerto Ayora, tienen bastante poca idea de lo que hablan. El que nos acompañó a nosotros (una familia estadounidense y el que aquí les escribe), lo más marino que había visto en su vida antes de ir a las Galápagos era un bote de sal. Y juraba y perjuraba que las tintoreras sí eran vegetarianas y que no tenían dientes, por más que yo le decía que había visto videos en los que se veían sus feroces cazas nocturnas en manada en las que destrozaban a sus presas de dos mordiscos.
El progenitor americano (que era un poco capullo, todo hay que decirlo), le creyó más a él que a mí. Y cuando nos tiramos al agua para nadar con las tintoreras en la poza de Santa Cruz, no se le ocurrió otra cosa que perseguirlas e intentar agarrarlas por la cola, lo que además de estar feo es de no tener dos dedos de frente. Bueno, la cosa no terminó mal y que yo sepa en su país no le llaman ahora el manco, pero el susto que le dio una que se revolvió yo creo que no se lo quita nadie. Vamos, que los tiburones son mucho más tranquilos de los que parecen, pero hasta los más inofensivos, tienen dientes y pueden hacer pupa. Menos el tiburón ballena o el marrajo gigante. Pero eso es otra historia.
P.D. La foto es muy mala. Es de la poza de Santa Cruz, desde arriba. El agua es muy verdosa pero creo que se puede ver la silueta de las tintoreras en el fondo. Lo verde igual es lo que queda de la ensalada que se han comido.