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Afú, que jartá de chinos

Publicado en 26 Febrero 2013 por Manuel Conradi Pacheco

Un gran amigo mío no puede evitar reírse cada vez que se acuerda de una entrevista que (creo) oyó en la radio. Se trataba de una joven china pero nacida y criada en Sevilla, quien con gran desparpajo y naturalidad y con perfecto acento trianero relataba las impresiones que le produjeron su primera visita al país de sus antecesores. "Afú, qué jartá de chinos", contaba, "y tós iguales".

Ese ejemplo que inspira el título de esta entrada refleja (sobre todo en su primera parte) las primeras sensaciones que me han causado a mí las primeras horas en este país: el pasmo por sus dimensiones, lo que suponen sus cientos de millones de personas.

Si el aeropuerto de Shanghai, al que llegamos tras un viaje de 14 ó 15 horas tras rapidísima escala en Doha, ya parecía gigantesco –y más comparado con el catarí– aún más lo parecía la estación de tren, grande hasta para haber sido un aeropuerto. Claro que a la parada de carros de fuego (que es como se llama literalmente a los trenes en chino y sus estaciones) llegamos tras !dos horas de metro!. Y no es que fuera lento ni parara cada dos minutos, ni mucho menos. Para llegar a nuestro andén (el 27) con las maletas, nos hubiera venido bien otro tren ó metro.

Fue una buena ocasión para ir observando a algunos de los 1.400 millones, aproximadamente, de habitantes de este inmenso país. Y disintiendo de la joven sino-sevillana, no son todos iguales. China, o almenos Shanghai, ya no es la de Mao tse tung de uniformes caquis y bicicletas. Ahora las chicas intentan ir a la moda, los chavales compiten por llevar zapatillas deportivas de marca que molen, el que puede va atareado con su Ipad o su iphone (el que no, con su movil moliente y corriente) con sus redes sociales propias (las de occidente están restringidas, por decirlo con un eufemismo) e interrelacionándose con millones de potenciales amigos.

Las personas mayores sí parecen más discretas y uniformes en su vestimenta, aunque mi vecino en el tren de Suzhou, con traje verde, corbata chillona y pelucón de oro, rompía la norma en pedazos. No sé cuántos vagones (enormes y abarrotados) podía tener el tren, pero seguro que podía ir medio pueblo del Aljarafe. El tránsito entre Shanghai (¿20 millones?) a Suzhou (seis con el área metropolitana, la ciudad número treinta en China en la escala demográfica) así lo requiere.

La carrera en taxi por la noche permite vislumbrar algunas de las bellezas de esta ciudad, pero sobre todo la pujanza económica, los cambios en una sociedad que no para de moverse y que contrastas con otro tipo de gestos mucho más tradicionales, como el de un grupo de personas mayores que baila en la calle (me dicen que a veces se pueden congregar miles).

 

 

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T
Sin duda desplazarse en Taxi por Shangai es una experiencia única, a parte de que el servicio es muy barato hay algunas compañias que ofrecen un excelente servicio con coches de calidad y buenos profesionales,
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E
Parece que has llegado bien. Sólo te falta la boina de pueblerino. Ya nos contarás.
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