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"En mi casa no quiero Uigures"

Publicado en 7 Marzo 2013 por Manuel Conradi Pacheco

"En mi casa no quiero Uigures"

Por fin tengo casa para los próximos cuatro meses, gracias a la ayuda de mis amigos Gonzalo y Pepita (Pompo) quienes han sido los que de verdad han hecho las gestiones. Lo único que yo he tenido que hacer es decir que sí rápidamente y, lo más doloroso, pagar. Un poco menos barato de lo que me esperaba pero no está mal para un apartamento amplio y en el que, para colmo, sólo necesito andar veinte metros para mudarme, ya que está en la misma planta del hotel donde me alojo. El propietario, depósito aparte, sólo me pedía una condición: que no fuera uigur. "En mi casa no quiero uigures", le dijo al agente inmobiliario, quien tuvo que cerciorarse de que yo cumplía con el requisito.

Los uigures son una de las 56 minorías étnicas reconocidas oficialmente por el gobierno chino (aunque muchas otras solicitan ese estatus) que representan algo menos del 10 por ciento de la población del país frente a la gran mayoría Han. Claro que estamos hablando de más de cien millones de personas. En el caso de los uigures no llegan a los nueve millones viviendo en China, principalmente en la zona suroeste de la región autónoma de Xinjiang, aunque también están repartidos por otros países como Turquía, Pakistán, Afganistán y varias repúblicas ex soviéticas.

Son, además, una de las minorías más "problemáticas" para el gobierno chino y la población mayoritaria Huan, por varias razones, pero fundamentalmente porque son musulmanes y porque se resisten a asimilarse con el resto de la población y en el sistema. De origen turco, al parecer ––de hecho, se les llamó "turcos" durante muchos siglos; la denominación de uigures fue popularizada por la Unión Soviética y luego adoptada por la China de Mao (según Wikipedia, como muchos de estos datos)–, eran originariamente nómadas pero están asentados en Xingjiang desde el siglo VIII después de Cristo, tras ser expulsados de su Kaganato en Mongolia. Muchos siglos después, en un caso similar a la de la etnia gitana en España y Europa, siguen sin ser aceptados por el resto de la sociedad. Y tampoco parece que se esfuercen mucho por que así sea, o al menos les importa mucho más mantener su idiosincrasia.

Los uigures tienen mala reputación en China. Se les tacha de violentos, atrasados, reaccionarios ––claro que es la misma fama de otras minorías rebeldes, como los tibetanos– y, por añadidura, propensos a la criminalidad. Según el escritor Blaine Kaltman, en su libro Under the Heel of the Dragon: Islam, Racism, Crime, and the Uighur in China. (Athens: Ohio University Press), la delincuencia uigur tiene una motivación política y está dirigida fundamentalmente a los Han, en lugar de su propia comunidad, como revancha por la vulneración de sus derechos como pueblo.

Porque la situación de los uigures en China, y más concretamente en Xingjian, no es fácil. Como en otras situacione similares (léase Tibet), los Han han utilizado el arma demográfica, la fuerza del número, intentando disminuir la fuerza de los "locales" mediante la inmigración exterior. Los Uigures no se resignan y aspiran a la independencia y sus protestas ––el integrismo islámico es un nuevo factor a tener en cuenta– pueden ser violentas, como sucedió en los disturbios de Urümqi de 2009, cuando los ataques de los uigures a los Han se convirtieron en una batalla sangrienta en la que cerca de 200 personas perdieron la vida. Oficialmente, porque la cifra, entre desaparecidos y condenados a muerte, puede ser mucho mayor.

Los sucesos de Urumqi se originaron, al parecer, porque dos emigrantes uigures fueron asesinados en la fábrica cantonesa donde trabajaban a raíz de unos rumores sobre la violación de mujeres Han por parte de gente de su etnia. Son muchos, por otra parte, los que deben buscarse el sustento en la floreciente economía China, aunque deban enfrentarse a prejuicios y discriminaciones y a dificultades como no hablar el mandarín (un gran problema, doy fe). En el hotel donde yo vivo, sin ir más lejos, hay muchísimos uigures, aunque éstos son comerciantes. Comerciantes de jade.

Llegan con sus furgonetas, de las que sacan cofres metálicos. Muchos se quedan en las habitaciones del hotel, relativamente baratas. En cualquier caso, en el segundo piso hay una exhibición donde muchísimos de estos comerciantes despliegan sus piedras de distintos tamaños, jade en bruto que luego trabajarán fundamentalmente en otros países. Allí, o en los alrededores del hotel, se les puede ver con sus rasgos físicos distintivos y sus tradicionales sombreros musulmanes ––durante una época, se les llamó hombres con turbante– esperando pacientemente la llegada de clientes.

Los prejuicios raciales no son exclusivos, ni mucho menos, de los chinos. Pero haberlos, haylos. La diferencia es que en China se expresan de una manera ingenua, como algo natural, ajenos al concepto de corrección política. Para el chino es importante el color de la piel: mientras más clara y blanca, mejor, de ahí que los tour operadores españoles tengan que pensar muy bien, como me explica mi amigo Gonzalo, lo de vender el concepto turístico de sol y playa para nuestro país, ya que enChina se rehúye generalmente el sol para evitar oscurecer la piel. En el caso de los uigures, no se trata sólo del color de la tez, sino que hay más factores, mucho de los cuales, de nuevo, no son exclusivos, ni mucho menos, de China. Aunque algunos sí.

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