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El dilema de China con su hijo problemático

Publicado en 29 Marzo 2013 por Manolito

Extrañamente, la declaración de guerra por parte de Corea del Norte no mereció en un principio excesiva atención por los medios de comunicación chinos. No es, a la hora de escribir estas líneas, la noticia más importante en las ediciones de internet del China Daily o el Global Times, donde figura por detrás del accidente que ha costado la vida a 38 mineros en el Tibet, por ejemplo, aunque a medida que pasan las horas parece que le van dando importancia a un posible, aunque harto improbable, conflicto nuclear en la zona.

Quizás sea porque la propia China, como suele pasar con un padre que tiene un hijo petardo, tiende a quitar hierro de las "travesuras" del retoño. Lo cierto es que las amenazas atómicas, entre otras, de Kim Jong-Un, vienen causando preocupación en Pekin desde hace tiempo como lo demuestra la profusión de editoriales y artículos de opinión en los medios chinos, que dejan claro una cosa: aunque no estén de acuerdo con las medidas ni la política de Pyongyang, China no va a romper sus lazos con el régimen norcoreano. "Sería aún peor si dejáramos a Corea del Norte sola", es decir, sin ningún tipo de restricción, asesoramiento ni cortapisa.

También puede ser que ser que crean que, como en anteriores ocasiones, la cosa no va a pasar a mayores y suponen que todo va a quedar en un mero acto de gallito que se calmará tras unas negociaciones y posiblemente alguna compensación económica para un país en el que, según dicen algunos informes, han muerto más de tres millones de personas de hambre en los últimos veinte años. Y que si embargo tiene la bomba atómica, gracias precisamente a China.

Desde tiempos de Mao, China y Corea del Norte han sido aliados estratégicos. A China le interesaba tener un amigo que le ayudara a contrarrestar la influencia de Estados Unidos en la zona. Durante décadas, han sido ciegos, sordos y mudos respecto a las flagrantes violaciones de derechos humanos que se han llevado a cabo en el país vecino. Quizás porque en su día no eran tan distintos uno de otro.

Pero ahora sí lo son. China es un país emergente, donde la población, además de trabajar duro, está empezando a disfrutar de los placeres materiales de la vida, donde ganar dinero, tener bienes y disfrutarlos ya no es contrarrevolucionario, un paso previo quizás a una mayor liberalización política que muchos esperan que llegue con el nuevo presidente, que aunque se mantiene fiel al colectivismo ha realizado ya más de un guiño a posibles cambios.

Corea del Norte, por su parte, no ha cambiado. O sí, quizás a peor, porque los analistas estadounidenses destacan en la CNN que las amenazas de Pyongyang nunca han sido tan virulentas como en estos momentos y que quizás el hijo no tenga la capacidad del padre para saber manejar el tira y afloja que el anterior líder mantuvo con el resto del mundo, en particular Occidente, durante décadas. Existe el temor de que sea más fanático, o que no sea tan hábil como su progenitor y se meta en un berengenal de difícil salida, aunque también añaden que el régimen no está preparado para una verdadera guerra, aunque sí para causar miles de muertos en Seúl en un conflicto corto.

A todo esto, en China dan por hecho que no van a ponerse de lado de Estados Unidos en este tema -pese a las buenas relaciones comerciales y políticas que mantienen con el gobierno surcoreano- y piden que ambas partes negocien, pero hace tiempo que los medios sugieren que si Pyongyang mantiene esta actitud deberán imponer sanciones a sus aliado norteño, aunque no con la dureza que la ONU y otros países les requieren. "Tenemos un dilema con Corea del Norte", reconocen. Quizás si no lo hubiesen consentido tanto antes, el niño no les estaría dando tantos problemas.

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