Los chinos trabajan duro así que ni siquiera el domingo es necesariamente sinónimo de descanso. Pero es lo más parecido y este último, además, vino acompañado del mejor tiempo que hemos tenido últimamente: estaba tan despejado que hasta se veía el sol. Así que me fui a dar un paseo al parque que está cerca de mi apartamento en lo que fue casi una expedición sociológica. Porque los chinos no están sin hacer nada ni cuando no trabajan. El que no hacía volar una cometa, cantaba en un karaoké al aire libre, practicaba taichi o artes marciales o incluso había uno que hacía meditación frente a un muro. Algunos se traían incluso una tienda de campaña. Los niños, por supuesto, eran protagonistas ante la protectora mirada de sus padres. Por la noche son las personas mayores las que se convierten en los dueños del parque con bailes multudinarios. Eso sí, mucha cometa pero ningún balón de fútbol. Así y con Camacho de seleccionador van a ir pronto al Mundial...