Overblog Todos los blogs Blogs principales Viajes, Lugares y Eventos
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
Publicidad

El paraíso de los pollos caníbales (Angurman, Bijagos)

Publicado en 28 Abril 2014 por Manolito

Las islas Bijagos (o Bissagos) de Guinea Bissau son un secreto bien guardado. Y eso que los foráneos las han visitado durante siglos. Los primeros, para traficar con esclavos, puesto que su ubicación y el espíritu guerrero de sus habitantes, que hacían razzias en canoas contra otras tribus de la costa para capturar prisioneros y luego venderlos, las convirtieron en un centro importante para tan deleznable comercio.

Afortunadamente, los 'brancos' que llegan ahora a las islas, no muchos, ya no son negreros, sino pescadores deportivos (la mayoría, franceses), miembros de ONGs, algún que otro mochilero aventurero o expatriados que quieren librarse, aunque sea sólo por unos días, de una capital, Bissau, que no destaca precisamente por sus oportunidades culturales o de ocio.

No es fácil y/o barato llegar a las Bijagos. El transporte publico de las canoas o el ferry es poco frecuente y aun menos fiable. El ferry, sin mantenimiento adecuado, depara a menudo odiseas como las que vivieron los pasajeros del último viaje que tuve noticia: 36 horas en lugar de las 3-4 teóricas; un turista extranjero, desesperado, llamó por su móvil a Bob para que fuera a buscarlo con su lancha rápida -el medio privado más rápido- al ferry parado en medio del mar cuando llevaba ya veinte horas de pesadilla.

Viajar entre las islas tampoco es fácil. No hay apenas conexiones regulares, alquilar una embarcación suele salir bastante caro y el alojamiento, cuando lo hay, también lo es. Por eso, cuando me surgió la oportunidad de ir a la isla de Angurman, no muy lejana de la isla principal de las Bijagos, Bubaque, no me lo pensé.

Angurman es pequeñita, apenas 50 hectáreas, pero según me la habían descrito, se trataba de un paraíso. Y lo era, aunque no exactamente como uno se lo imagina en las típicas postales del Caribe o Tahiti. Con una belleza extraña, con hinchados baobabs y gigantescos fromagiers como vigías a escasos metros de la orilla, a ratos arenosa, a ratos rocosa o llena de manglares. El agua, aunque agradable de temperatura y apetecible para nadar -al menos, en la playa principal, donde no hay rayas que puedan estropear las vacaciones del visitante- tampoco es límpida o transparente como la muestran en los folletos de vacaciones tropicales. Eso sí, es garantía de emociones, con peces saltando a muy pocos metros del sorprendido bañista. Y no hablo de unos pocos. A menudo se oye el sonido parecido a una ola, un 'woooosh', y son decenas, hasta cientos de lisas las que más que saltar vuelan para escapar de la barracuda o el carangue que las caza por debajo. Impresionante.

La pesca, obviamente, es la actividad estrella en las Bijagos y también en Angurman, aunque en mi caso preferí quedarme en la hamaca de mi rústico pero bonito y cómodo bungalow, viendo pescar a los pelícanos (éstos de aquí no se lanzan desde el aire, sino que esperan a que los peces salten para abrir su boca y cogerlos), las garcillas o las aguilas pescadoras, o mirar como pasan frente al a isla los grupos de delfines en busca de su pitanza. Podría haber hecho piragüismo, visitar otras islas o alguna otra actividad, pero no, con relajarme y comer, me bastó.

Porque comer, en Angurman se come espectacular. El dueño, François, un aventurero francés que ha recorrido medio mundo y vivido treinta y cinco años en Colombia -por lo que habla perfectamente español- es un excelente cocinero, además de pescador, por lo que mi estancia en Angurman se convirtió en un agradabilísimo clinic de cómo preparar el pescado en sus distintas variedades y recetas: carpaccio de carangue, espaguetti a la barracuda o con almejas (que recogíamos a puñados cuando cambiaba la marea), brocheta de Kobia (posiblemente, la mejor carne de pescado de la zona), filete de carangue con salsa de nata y cebolla... una gozada. Para culminar, las sobremesas a base de cócteles de aguardiente de caña, amenizadas por las historias de indios, paramilitares y narcos que François había acumulado en el parque nacional de Tayrona, junto a Santa Marta.

En Angurman no hay animales peligrosos, como en otras islas del archipielago donde, por ejemplo, se encuentra la mamba verde, y los tiburones, que haberlos haylos, muchos y bien grandes, están mar adentro y además no se ha registrado nunca a un ataque a un ser humano en esta zona, mientras que bajas por el otro lado las hay a millares, entre la pesca industrial y deportiva. De hecho, los bichos más voraces (excluyéndome a mí) que me encontré fueron los pollos de François, Totalmente omnivoros, lo mismo limpiaban las espinas del pescado que se comían los restos de sus hermanos cuando había sacrificio, asaltaban la mesa del comedor bajo el fromagier, atacando los platos de los comensales que, afortunadamente, en este caso hallaban en la mala costumbre de comer rápido una gran ventaja.

No hay muchos turistas en Angurman. De hecho, yo fui el único durante varios días hasta que en una canoíta a vela llegó una joven rastafari francesa acompañada de un par de gambianos, también rastas. Ellos durmieron en la playa, que es la opción más barata para alojarse en las Bijagos, y luego los llevamos de vuelta a Bubaque porque su pescador, según nos contaron, los habían dejado tirados. Fue el fin, un poco precipitado por esta causa, de mi estancia en este pequeño paraíso, guardado por baobabs y pollos caníbales.

Publicidad
El paraíso de los pollos caníbales (Angurman, Bijagos)
El paraíso de los pollos caníbales (Angurman, Bijagos)El paraíso de los pollos caníbales (Angurman, Bijagos)
El paraíso de los pollos caníbales (Angurman, Bijagos)
Publicidad
Comentar este post
Publicidad