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Cogorzas asiáticas y equívocos nacionales

Publicado en 24 Marzo 2013 por Manolito

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de conocer Suzhou-la nuit. La ocasión, el cumpleaños de un amigo español y la celebración de unas jornadas, también supuestamente españolas, en un restaurante teóricamente alemán. La cosa terminó en una discoteca, asimismo a priori, rusa, de nombre con connotaciones no sé si nostálgicas o reinvindicativas: Pravda.

El grupo era multinacional: estábamos los inevitables españolitos, que para eso lo organizábamos, franceses, chinas, una japonesa... con el inglés como idioma universal para entendernos, aunque el castellano también se colaba a ratos. A fin de cuentas, era el día de España en el restaurante alemán de Suzhou.

Bueno, de España, de España, no mucho. Para empezar, la camarera, en un alarde de sinceridad, nos reconoció que había habido protestas de algún comensal (español) porque los tradicionales huevos fritos con chorizo tenían poco de tradicionales, sobre todo en lo que atañe al chorizo, que más bien era una salchicha alemana (china, claro). La tortilla de patatas quedaba traducida en el menú a pastel de huevo y patatas, lo que tampoco era muy tranquilizador. La camarera, de nuevo en un ataque brutal de honestidad, reconoció que tampoco podía recomendar ningún plato en especial. "En realidad, estoy avergonzada del cocinero", confesó. Lo que daría paso a comentar la capacidad china de ser enormemente francos (hasta el punto de ser hirientes) contrastando con exquisito respeto de las formas. Pero eso lo dejamos para otro día.

El vino era otra cuestión.No sólo de este restaurante. Son carísimos y, en general, malísimos. Pedimos un rioja joven, flojito, flojito, en teoría de una bodega con prestigio (me da que es una marca ideada para la exportación, porque yo no la he visto por España y apenas encuentro algo en internet sobre ella en español) y nos cobraron cerca de 30 euros, ahí es nada. Comer en China, incluso en restaurantes buenos, no es caro, y quizás en las bebidas alcohólicas es dónde intentan conseguir más ganancias. Eso, y el desconocimiento chino de la calidad de los vinos que permite que lo que mande a la hora de comerciarlos sea el margen de ganancia. Pero bueno, un tema más para tratar otro día.

El espectáculo de música española (vamos a dejarlo en hispana) también tuvo su miga. La banda era filipina (como suelen serlo muchas de las bandas que actúan en vivo en China) y tocaban, claro, de todo menos el anunciado flamenco. Cuando salieron las bailaoras, dos rubias que enseñaban cacha, nos olimos que el baile muy flamenco tampoco iba a ser. Ni mucho ni poco. Allí se pusieron las dos mozas a dar vueltas entre las mesas bastante más al estilo de un casino de Las Vegas que de un tablao. Eso sí, lo hicieron acompañadas por la voz de José Mercé. Al final, la guapa y rubia relaciones públicas del restaurante (rumana) me dijo que las bailarinas eran una rusa y una brasileña que, claro, de flamenco sabían lo que yo.

Mei guan xi, wenti bu da. Vamos, que no tiene mucha importancia: salvo la errónea imagen que se dio de nuestro país (igual les gustó más, quién sabe): pasamos un buen rato y, siguiendo el ejemplo de unas familias españolas que pese al atentado cultural fueron los más animados y se hartaron de bailar, nos fuimos a una discoteca.

Pravda, de inequívocas reminiscencias comunistas, es sin embargo un símbolo de las nuevas China y Rusia zambullidas en el capitalismo (que no el liberalismo). Es lo más parecido, me cuentan mis amigos, a una discoteca occidental. Con una clientela heterogénea, con muchos occidentales (en particular, italianos intentando pescar algo, por lo que vi sin demasiado éxito) y chinos de distinta condición, incluido un equipo de baloncesto. Una pista de baile pequeña, una barra también pequeña (donde, por cierto, a mí no me vendieron nada más que cerveza, no sé si por evitar que me pasara lo que a otros muchos) y unos porteros muy grandes que parecían los malos de una película de James Bond.

En las pocas horas que estuve allí saqué varias conclusiones: El personal de seguridad de discoteca es igual en todo el mundo, parece; por evitar un problema no les importa crear otros mayores lanzándose en estampida por un espacio abarrotado de gente. El ritmo no es la mejor virtud de los chinos, con honrosas excepciones. Y tercera, los chinos no saben beber.

¡Qué tajadas, madre! En especial las mujeres. A la primera intoxicada que vi la llevaba su pareja, que no estaba mucho mejor que ella, conduciéndola como si fuera un zombi para el cuarto de baño, lo que me pareció una buena idea. Mucho peor la que tuvo luego, ya que casi cargando con ella se adentró en la pista de baile donde, como era inevitable, se derrumbó. Primera actuación de los seguratas, que se lanzaron hacia el lugar como si hubiera una pelea a navajas. Escenas parecidas las vi repetidas en varias ocasiones. Por no hablar de los empujones que me dieron los borrachos a los que, vaya usted a saber por qué, les daba por deambular sin rumbo fijo por toda la discoteca, con la mirada perdida y chocando con todo lo que se encontraban.

Dicen que el asiático, en general, aguanta peor el alcohol, aunque por lo que he leído en internet se refiere más a un gen (o ausencia de) que les provoca una mala metabolización de lo bebido y como consecuencia enrojecimientos de piel y más problemas de salud a largo plazo. Bueno, fuera por eso o porque habían bebido más, lo cierto es que privar, por lo visto esa noche, no les sienta muy bien a algunos (bastantes) de ellos.

También, parece, causa agresividad. Llegando a la discoteca vi la primera pelea desde que estoy en China. No fue especialmente violenta y todo terminó pronto y más o menos bien, aunque me cuentan que no siempre es así y que cuando el chino recurre a la violencia (algo que, históricamente, no les caracteriza particularmente como pueblo y que individualmente también parece poco frecuente) puede dejarse llevar fácilmente por la ira y cometer cualquier barbaridad. Un contraste con el habitual comportamiento pacífico de la población, aunque, según me ha contado una amiga china, también en las relaciones sociales existe ese componente de agresividad que, en general, casi nunca pasa a mayores. Vamos, que la realidad raramente es unívoca (por decirlo en plan pedante). Pero de eso hablaremos más otro día, también.

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